El Traductor
A veces decimos «me da igual», «haz lo que quieras» o «¡tengo que estar detrás de ti para todo!».
Pero esas palabras rara vez cuentan toda la historia.
El Traductor te ayuda a mirar debajo de la reacción: qué estabas sintiendo, qué necesitabas y qué querías comunicar realmente.
Detrás de lo que decimos suele haber algo que estamos intentando proteger, pedir o expresar.
Vamos a mirar qué puede haber debajo de tus palabras.
Trae una frase. Vamos a traducirla.
Piensa en algo que hayas dicho —o hayas estado a punto de decir— durante un conflicto. No hace falta que suene bien. Precisamente empezamos por ahí.
¿Qué dijiste?
Escríbelo tal y como salió. Sin corregirlo, suavizarlo ni intentar que quede bonito.
¿Qué estabas sintiendo?
No busques la palabra perfecta. Elige una o dos que se acerquen a lo que estaba pasando por dentro.
¿Qué necesitabas realmente?
No hablamos de conseguir que la otra persona haga exactamente lo que quieres. Piensa en aquello que necesitabas cuidar: conexión, ayuda, respeto, calma, autonomía…
¿Qué te gustaría comunicar ahora?
Olvida por un momento la frase inicial. Si pudieras hablar desde lo que acabas de descubrir, ¿qué te gustaría explicar, pedir o dejar claro?
Tu traducción.
No se trata de hablar siempre con calma ni de encontrar las palabras perfectas. Se trata de entender un poco mejor qué había debajo.
A veces cambiar una conversación empieza por descubrir qué estábamos intentando decir.
